Alimentación
23-07-2017

Rejuvenece comiendo deliciosas bayas

Las bayas, con todo su sabor, dulzor y color, son pequeñas locomotoras antioxidantes. La cuestión no debería ser cómo conseguir la ración mínima diaria, sino cómo apañárselas para no comerlas sin parar. En la crema de avena de la mañana, en un batido, en el postre, en la ensalada o directamente a la boca. Son los caramelos de la naturaleza.

Las bayas de açai, grosellas, arándanos azules, cerezas, arándanos rojos, bayas de goji, moras, frambuesas, fresas, son las frutas que más antioxidantes poseen. Protegen contra el cáncer, refuerzan el sistema inmunitario, protegen el hígado y el cerebro. Un estudio de la sociedad americana contra el cáncer llevó a cabo sobre una muestra de casi 100.000 personas concluyó que las que comían más bayas parecían tener significativamente menos probabilidades de fallecer como consecuencia de una enfermedad cardiovascular*.

O sea... algo delicioso ¡que además nos ayuda a vivir con más salud!.

Las verduras de hoja verde son las verduras más saludables, y las bayas son también las más saludables de las frutas, ambas se lo deben, en parte, a sus respectivos pigmentos vegetales. Las hojas contienen clorofila, el pigmento verde que desencadena la tormenta de la fotosíntesis, por lo que las verduras necesitan muchísimos antioxidantes para poder gestionar los electrones de alta energía que se forman. Por su parte, las bayas han evolucionado para tener colores llamativos y que grandes contrastes, para atraer a los bichos que comen fruta y que las ayuden a dispersar las semillas. Y las mismas características moleculares que otorgan a las bayas sus colores brillantes podrían explicar sus poderes antioxidantes.

Cuando se sigue una dieta occidental estándar se comen muchos alimentos pálidos y de color beige: pan blanco, pasta blanca, patatas blancas, arroz blanco... Los alimentos de colores vivos suelen ser más saludables gracias a su contenido en pigmentos antioxidantes, ya se trate del betacaroteno responsable del color naranja de las zanahorias y la calabaza, del licopeno, el antioxidante queda el rojo a los tomates, o de la antocianina, que presta su azul a los arándanos.

Los colores son antioxidantes. Por sí solo, este dato debería hacer que saliéramos corriendo hacia el pasillo de la fruta y la verdura en el supermercado.

Adivina qué cebollas tienen más antioxidantes, ¿las blancas son las rojas? No hace falta que busques la respuesta en internet. Puedes ver la diferencia con tus propios ojos.

Compra las fresas más rojas, las moras más negras, el tomate más rojo y el brócoli del verde más brillante que puedas encontrar. Los colores son antioxidantes, antienvejecimiento y anticancerígenos. Sabiéndolo, ¿por qué no añadir bayas con el mayor contenido en antioxidantes a la avena del desayuno? En general, las manzanas y los plátanos son dos de las frutas preferidas por todo el mundo, con un poder antioxidante de 60 U y 40 U respectivamente. La carga antioxidante de los mangos, otra de las frutas preferidas por todo el mundo, es aún mayor: ronda las 110 U. Sin embargo, todas las frutas palidecen en comparación con las bayas. Por cada 150 g, las fresas aportan 310 U, los arándanos 330, las frambuesas 350, y las moras unas extraordinarias 650 U.

¿Las bayas congeladas son tan nutritivas como las frescas? Se han llevado a cabo estudios sobre cerezas, frambuesas y fresas que sugieren que conservan la mayoría de nutrientes incluso tras ser congeladas. Yo suelo optar por las congeladas, porque duran más, están disponibles todo el año y tienden a ser más baratas. ¿Has probado el batido de fresas y cacao?

Hablando de bayas y de visión, se cree que pueden mejorar los síntomas de la fatiga visual que causan las pantallas del ordenador. Los arándanos rojos hicieron famosos durante la Segunda Guerra Mundial cuando se dijo que los pilotos de las fuerzas aéreas británicas comían mermelada de arándanos rojos para mejorar su visión entorno. Resulta que, probablemente, fue una historia diseñada para despistar al ejército alemán. Probablemente, la explicación para la repentina puntería de los pilotos británicos a la hora de derribar bombarderos nazis en plena noche no fuera la mermelada de arándanos, sino un invento reciente y ultrasecreto: el radar.

Por desgracia, la antocianina cae en picado cuando las bayas se transforman en mermelada. Las fresas pierden hasta el 97% de antocianina en el proceso. Por otro lado, la liofilización parece tener una capacidad extraordinaria para conservar los nutrientes. Las bayas liofilizadas se deshacen en la boca, son deliciosas y nutritivas, pero también caras.

Así, pues, anímate a incluir bayas en tus platos de forma regular, frescas, congeladas o liofilizadas, siempre te aportarán color, sabor y salud. ¡A disfrutarlas!

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