Alimentación , Salud y hábitos
07-03-2016

Decálogo para una alimentación en la medida de lo posible, sin tóxicos

En 1956, en la ciudad de Minamata (Japón) se produjo uno de los mayores desastres industriales de la historia cuando empezaron a aparecer casos de personas con diversos síntomas (pérdida auditiva y visual, parálisis, falta de coordinación, etc.). Doce años más tarde de estos hechos se pudo determinar con certeza que la fábrica química Chisso había estado liberando grandes cantidades de deshechos tóxicos con altas dosis de mercurio, el cual había entrado en la cadena alimentaria a través del agua del mar, contaminando en primer término a los peces y otros animales. A raíz de este hecho, que se cobró la vida de más 1.500 personas, existe lo que se conoce como "enfermedad de Minamata".

El segundo ejemplo es el documental El plato o la vida. La diferencia entre llenar barrigas y alimentar personas., que nos muestra otra realidad: una cocinera profesional que gestiona un comedor ecológico y sostenible -tanto económica como ecológicamente- en un parvulario, porque cree que la buena alimentación nunca puede ir en detrimento de los intereses económicos. Este documental, instructivo y honesto, presenta la posibilidad de mantener la soberanía alimentaria y también de construir un espacio lejos de los intereses económicos.

Estos dos ejemplos son las dos caras de la misma moneda: el caso de Minamata habla de cómo pueden afectar los contaminantes químicos en la alimentación y, a partir de allí, la salud de las personas; y el documental nos muestra que es posible abordar este tema desde otro punto de vista, desde otro lugar.

En este sentido, y como muestra de que podemos hacer algo para que esta realidad cambie, en enero de 2016, miles de alemanes se manifestaron en la capital germana, para pedir que el gobierno potencie la agricultura ecológica, de cercanía y sin pesticidas, y para defender el bienestar animal y la salud de los consumidores.

 

Calidad versus cantidad

La mayor parte de los tóxicos que acumulamos en el organismo a lo largo de toda la vida proceden de los alimentos que tienen determinados compuestos químicos, como el mercurio presente en el pescado, debido a la contaminación química de los océanos; las concentraciones de dioxinas presentes en carnes, pescados, mariscos y productos lácteos; el bisfenol A de las latas de conservas; los plaguicidas en verduras y frutas, o el potencial cancerígeno que hay en la carne procesada (algo que la OMS anunció y de inmediato generó gran controversia en la sociedad). 

Esta es una realidad con la que convivimos a diario, pero ¿cómo reaccionaríamos si en el etiquetado de los productos que consumimos aparecieran las diferentes etapas del proceso de producción y distribución, para que tal o cual alimento llegue a nuestro plato? No es mi intención caer en la ortorexia (que es la obsesión por controlar la calidad de los alimentos que consumimos), pero sí considero que es conveniente apostar por alimentos saludables y naturales, provenientes de la agricultura ecológica, la cual se basa en cultivar la tierra en armonía con la naturaleza, siguiendo los principios de sostenibilidad y comercializando productos locales, de calidad y sin intermediarios. Las cooperativas de consumo, por ejemplo, ofrecen múltiples ventajas, ya que ayudan a reducir el consumismo alimentario sin ton ni son y los residuos que esto genera: los embalajes, el transporte y la fabricación con medios mecánicos; además, por medio de estas se establece una relación cercana y de confianza con el productor y con la comunidad.

 

Verde que te quiero verde

Por todo lo que he comentado, aquí te presento un decálogo bio para que lleves una alimentación saludable y, en la medida de lo posible, sin tóxicos:

  1. Incluye en tu cesta de la compra alimentos
    • que provienen de la agricultura ecológica, pues no tienen pesticidas (herbicidas, funguicidas, insecticidas, etc.), ni reguladores de crecimiento, ni fertilizantes químicos, ni antibióticos;
    • de cercanía, pues se trata de un modelo de negocio en el que no hay intermediarios;
    • de temporada, porque en función de cada momento del año, los alimentos conservan todo su sabor y propiedades nutritivas;
    • como carnes, huevos, lácteos y derivados de animales procedentes de ganaderías ecológicas que respeten a los animales (es decir, que estos no sean tratados con hormonas del crecimiento ni con antibióticos, que la base de su comida sea orgánica a lo largo de todo su ciclo vital y que no sean privados del aire y de la luz del natural).
  2. Elige correctamente lo que comes: cereales (arroz integral, mijo, quinoa, trigo sarraceno y demás), legumbres (lentejas, tofu, tempeh, etc.), frutas, verduras y hortalizas, algas, frutos secos y semillas, pescado, aceite de sésamo o extra virgen, etc. Mejor si son productos orgánicos. En el caso de frutas como la manzana, si no son de cultivo ecológico, además de pelarla, es conveniente quitar la mondadura que rodea al tallo, puesto que se trata de un lugar privilegiado de acumulación de pesticidas. En cuanto al pescado, es mejor evitar el de piscifactorías no biológicas así como los peces grandes (pez espada, atún, especialmente si es de lata, salmón y emperador), pues contienen alto contenido de mercurio en su organismo (puedes reemplazarlo por anchoa, bonito o caballa, por ejemplo).
  3. No tomes alimentos procesados ni envasados; es decir, dile no a la comida rápida y a los productos preparados que contienen aditivos y que encontrarás catalogados en las etiquetas de los alimentos con el tristemente célebre nombre de «E» seguido de tres números.
  4. Limita los refrescos, los zumos y la bollería industriales, los embutidos, las golosinas y los azúcares refinados. 
  5. Restringe las bebidas alcohólicas y toma más infusiones, pues ayudan a proteger el hígado.
  6. Combina de manera correcta los alimentos.
  7. En la medida de lo posible, opta por comer en restaurantes de proximidad (denominados Km. 0). España cuenta con alrededor de noventa restaurantes Km. 0, que defienden los sistemas locales de producción, la diversidad y la economía a pequeña escala.
  8. Compra productos honestos y de calidad.
  9. Haz que tus comidas no sean un mero trámite; así pues, relájate al comer, determina un horario para las comidas y disfrútalas lejos de cualquier ruido exterior.
  10. Escucha a tu cuerpo.

 

Y para finalizar, aquí te dejo algunos sitios webs que te serán de utilidad para estar siempre informada y en los que podrás encontrar más alternativas sencillas y ecológicas:

Además, te recomiendo Nuestro pan de cada día (Unser täglich Brot), de Nikolaus Geyrhalter, un documental austríaco sin narración ni diálogos, pero con imágenes muy potentes que hablan sobre el proceso de industrialización y mecanización al que están sometidos los alimentos. En 2006, fue nominado al mejor documental en los Premios del Cine Europeo y premiado en el Amsterdam International Documentary Film Festival.

En el programa online de ¡Siéntete Radiante! encontrarás información para aprender a escoger tus alimentos con conciencia y a cocinarlos. ¡Anímate a formar parte de la comunidad de mujeres que desean saber más para ser dueñas de su salud y de sus vidas!

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